lunes, 27 de julio de 2009



Escribe Agustín Tajes


Aunque se vista de seda…


Los refranes, por lo general, son el reflejo de la realidad, expresados de una forma muy sabia, ya que llegan a todo el mundo, hacen que esa realidad se comprenda y se asimile mejor a todos los niveles y prenden tan fuerte en la sociedad, que se transmiten de generación en generación, hasta formar parte del patrimonio cultural de los pueblos. En lo que tiene que ver con los hispanoparlantes, es notable ver como los antiquísimos refranes integran la cultura de países y regiones que tienen una muy diferente forma de hablar el español, pero los han compartido y los comparten, como un elemento que ayuda a que todos nos entendamos mejor.

Por eso, cuando decimos que “la mona, aunque se vista de seda, mona se queda”, acá y en cualquier otro lugar del mundo ibero americano, vamos a entender que por más que tratemos de disfrazar a alguien de otra cosa, su esencia va a seguir siendo la misma, sobre todo, cuando a pesar de su nueva apariencia, siga pensando y actuando como lo hizo siempre.

Claro que en las campañas políticas – y en especial desde que los asesores de imagen tienen tanta influencia – en mayor o menor grado, los candidatos utilizan una cuota de demagogia para tratar de dejar contentos a unos y a otros y arrimar la mayor cantidad de votantes para su causa, pero, para todo hay un límite y no me imagino a un Sanguinetti poniéndose una camiseta de Nacional o ahora a De León, con la rayada, porque nadie se lo creería.

Pero si alguno de estos dos ejemplos que dimos lo hubiera hecho, en lugar de aumentar su caudal de adherentes, seguramente iba a disminuir, porque muchos se iban a sentir ofendidos, pensando que los estaban tratando de idiotas. Y ese es, sin duda el caso que está pasando con el Senador Mujica, cuando después de haber andado mugriento y barbudo toda una vida - incluyendo el largo período como parlamentario, que el sistema democrático que quiso destruir le ha permitido disfrutar – de pronto “se da cuenta” de que, aquello de que “la pinta es lo de menos”, que siempre sostuvo, no era así y le encarga a uno de los más prestigiosos sastres de las clases adineradas, un traje con tela italiana. Según dice la prensa, es para ir a visitar a Lula, al que siempre lo trató de “compañero” y lo entrevistó, en el mejor de los casos, con la “humilde” camperita que usaba para ir a la Teja y al Borro.

Claro que antes su función era atraer al “lumpenaje”, como describía Marenales en aquél recordado reportaje de Búsqueda, donde comparaba al MPP con el cangrejo violinista - que tiene una pinza grande, con la que atrapa a las presas y una chica que usaba para comer - y decía que el Pepe era la pinza grande y él la chica. Ahora, la cosa es diferente, porque al lumpenaje ya lo tienen en la bolsa, pero ahuyentaron a los salmones, los lenguados y los abadejos y entonces hay que metamorfosear a “Minguito” y transformarlo en un serio estadista, para meterlos en la red.

Entonces no se les ocurrió mejor idea que ésta, sin pensar que es un insulto para la gente de centro, creer que de esa manera los van a convencer que este nuevo Mujica dejó de lado sus sueños
tupamaros, que cree en la democracia republicana y que esa constituyente que nos han anunciado, no es para transformarla en un nuevo satélite del Socialismo Siglo XXI de Chávez y el Foro de Sao Paulo.

Mujica siempre fue una gran farsa, se equivocó al elegir una ideología que fracasó en el mundo, le erró – junto con sus compañeros – en el método, al decidir intentar tomar el poder por las armas. También lo hizo al subestimar al enemigo y pensar que conseguirían una fácil victoria – como escribían entonces en todos sus planes y documentos – y fueron pasados por encima en forma aplastante, antes que se dieran cuenta. Se creó una imagen de duro guerrillero, pero la verdad es que fue capturado 2 veces y está vivito y en la segunda, pese a portar una Uzis (una ametralladora israelí, de las mejores del mundo) se entregó mansito, sin siquiera hacer un intento de usarla.
Se pasó años hablando sobre lo que se debía hacer y en 3 años y medio como Ministro de Ganadería, en un gobierno de mayorías parlamentarias propias, en un contexto económico internacional excepcionalmente bueno, no hizo absolutamente nada.

Hoy, cuando tiene la responsabilidad de conducir su fuerza política para tratar de retener el gobierno, luego de 25 años de jugarla de taita del arrabal filosófico y desprolijo, sale a decir que él en realidad es un ¿intelectual? ¿Cómo te digo una cosa te digo la otra? y se hace un traje a medida de paño italiano.

Gracias a Dios, no es lo mismo engrupir al “lumpenaje”, como ellos le llaman, con 1400 pesos del Panes y otras dádivas - que pagamos todos con el IRPF y el IASS - que hacerlo con aquellos a quienes se nos metió la mano en el bolsillo, para financiar todas esas medidas demagógicas que implementa Marina.

Por eso, aunque se mande este patético intento de “empilchar” de primera, como en el refrán que comentamos al principio, “mona se quedará” y con un poco de suerte, usando otro refrán, “vestido y sin visita”.

Agustín Tajes

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